El Centro Cultural Teopanzolco (CCT) reunió a la pianista internacional Valentina Lisitsa y a Filarmonía Xalapa en un concierto que llenó la Sala Principal, donde el público disfrutó un programa sinfónico con obras de Gioachino Rossini, Serguéi Rachmaninoff y Antonín Dvořák.
Bajo la dirección de Jorge Vázquez, la orquesta regresó a Cuernavaca para compartir escenario con Lisitsa, reconocida internacionalmente por sus interpretaciones de Rachmaninoff.
La velada inició con la Obertura de la ópera Semiramide, de Rossini, y continuó con el Concierto para piano y orquesta núm. 2 en do menor, Op. 18, de Rachmaninoff, con Lisitsa como solista. El programa cerró con la Sinfonía núm. 9 “Del Nuevo Mundo”, de Dvořák.
Al finalizar, las y los asistentes respondieron con una gran ovación para reconocer el trabajo de la pianista, la agrupación y su director, tras disfrutar un repertorio de gran exigencia interpretativa.
Sobre este encuentro musical, la directora general del (CCT), Sonia Leticia Martínez Patiño, destacó la importancia de recibir a artistas de trayectoria internacional y ofrecer experiencias culturales a las familias y nuevas generaciones.
“Tener a Valentina Lisitsa y a Filarmonía Xalapa en un mismo escenario, frente a una Sala Principal llena, es una muestra de lo que podemos construir cuando artistas, instituciones y públicos se encuentran. Para el Centro Cultural Teopanzolco es muy importante abrir estos espacios a la música de concierto y acercar a las familias y a nuevas generaciones a grandes intérpretes y repertorios”, indicó.
Ante la respuesta del público, Martínez Patiño expresó que la asistencia y la ovación motivan al recinto a mantener una programación diversa.
“La gran ovación con la que cerró este concierto habla de una comunidad que quiere escuchar, descubrir y vivir la música en sus distintas expresiones. Nuestro compromiso es seguir construyendo una cartelera que dialogue con públicos diversos y que haga del Teopanzolco un punto de encuentro para la cultura en Morelos”, mencionó.
La presentación amplió la oferta de música sinfónica en Morelos y permitió al público disfrutar, en un mismo escenario, las interpretaciones de una pianista internacional y una agrupación orquestal.